|
DOMINGO 7- EN MEDIO DE TANTOS Y TAN SOLO, ¡ESCÚCHALO! Estamos sobrados de palabras y nos falta comunicarnos y entendernos. Estamos sobrados de ruidos y alborotos y nos falta oír y entender las llamadas de los otros. Estamos sobrados de risas y carcajadas y nos falta sentir una alegría permanente, Estamos sobrados de dramas televisivos y nos falta encontrarnos con la tristeza del vecino. Estamos sobrados de sermones y consejos y nos falta pensar juntos y decidir en común. Estamos sobrados de ofertas para comprar y nos falta regalar nuestras cualidades. Estamos sobrados de publicidades y anuncios y nos falta entender lo necesario para la vida. Vive mucha gente a nuestro lado, pero nos sentimos solos. Muchos “parce”, pero pocos amigos. Bastantes van con nosotros pero no son compañía. Alguien espera que le gastes un instante para contarte algo. Dispón tus oídos para escuchar al que te habla. DOMINGO 14- EN MEDIO DE TANTOS Y TAN SOLO, ¡ESCÚCHALO! La mayoría hemos olvidado el fino arte de escuchar. Y si escuchamos lo que de por sí es raro, la estática de nuestras propias y preconcebidas ideas no deja de interferir hasta que, una vez que todo se ha dicho y hecho, no escuchamos lo que la persona está diciendo sino lo que estamos preparados para oír. El tono afectuoso cautiva el oído. Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación. Quien sabe escuchar se hace querer. Mucho se habla sobre hablar, pero poco se escucha sobre escuchar. Muchas veces lo que se calla causa más impresión que lo que se dice. Yo me he arrepentido muchas veces de haber hablado, jamás de haber callado. Cuánto menos habla uno, más lo escuchan. El silencio se oye. Dicen que los silencios son más emotivos que las palabras, así que…. ¿Vamos a quedarnos callados?, ¡no! Los conversadores son los que saben escuchar. DOMINAGO 21- EN MEDIO DE TANTOS Y TAN SOLO, ¡ESCUCHALO! Dos hombres, ambos seriamente enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno de ellos se le permitía sentarse en su cama por una hora cada tarde para ayudar a drenar los fluidos de sus pulmones. Su cama estaba junto a la única ventana del cuarto. El otro hombre debía permanecer todo el tiempo en su cama tendido sobre su espalda. Los hombres hablaban por horas y horas. Hablaban acerca de sus esposas y familias, de sus hogares, sus trabajos, su servicio militar, de cuando ellos han estado de vacaciones. Y cada tarde en la cama cercana a la ventana podía sentarse, se pasaba el tiempo describiéndole a su compañero de cuarto las cosas que él podía ver desde allí. El hombre en la otra cama, comenzaba a vivir, en esos pequeños espacios de una hora, como si su mundo se agrandara y reviviera por toda la actividad y el color del mundo exterior. Se divisaba desde la ventana un hermoso lago. Cisnes, personas nadando y niños jugando con sus pequeños barcos de papel. Jóvenes enamorados caminaban abrazados entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes y viejos árboles adornaban el paisaje y una ligera iluminación del horizonte en la ciudad podía divisarse a la distancia. Como el hombre de la ventana describía todo esto con exquisitez de detalle, el hombre de la otra cama podía cerrar sus ojos e imaginar tan pintorescas escenas. Una cálida tarde de verano, el hombre de la ventana le describió un desfile que pasaba por ahí. A pesar de que el otro hombre no podía escuchar a la banda, el podía ver todo en su mente, pues el caballero de la ventana le representaba todo con palabras tan descriptivas. Días y semanas pasaron. Un día, la enfermera de la mañana llegó a la habitación llevando agua para el baño de cada uno de ellos, únicamente para descubrir el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, el mismo que había muerto tranquilamente en la noche mientras dormía. Ella se entristeció mucho y llamó a los dependientes del hospital para sacar el cuerpo. Tan pronto como creyó conveniente, el otro hombre preguntó si podía ser trasladado cerca de la ventana. La enfermera estaba feliz de realizar el cambio. Luego de estar segura de que estaba confortable, ella le dejo solo. Lenta y dolorosamente se incorporó apoyado en uno de sus codos para tener su primera visión del mundo exterior. Finalmente, pudo tener la dicha de verlo por sí mismo. Se estiró para lentamente girar su cabeza y mirar por la ventana que estaba junto a la ventana. Y vio una pared blanca. El hombre preguntó a la enfermera qué pudo haber obligado a su compañero de cuarto a describir tantas cosas maravillosas a través de la ventana. La enfermera le contestó que ese hombre era ciego y que por ningún motivo él podía ver esa pared. Ella dijo: "quizá él solamente quería darle ánimo”. DOMINGO 28 - EN MEDIO DE TANTOS Y TAN SOLO, ¡ESCÚCHALO! En un mundo que ha multiplicado las posibilidades de comunicación y que ha barrido las fronteras de las distancias, las personas viven cada vez más solas y más incomunicadas. Ya no son capaces de contarse sus ilusiones, esperanzas, angustias y miedos. Viven extraños en la misma casa, en la misma cama. La comunicación se está convirtiendo en una especie de ritual vacío, en mera cháchara banal y hueca, siempre desde lejos. La gente necesita llamarse continuamente por el celular, enviarse correos electrónicos, contarse lo que pasa o lo que hicieron: “ya llegué al aeropuerto”, “estoy en el taxi”, “ya voy para allá”, y cuando se encuentran y están el uno junto al otro, no tienen nada que decirse y se ponen a ver televisión que, sin duda alguna, se está convirtiendo cada vez más en el personaje más importante de la familia.
|